Misterios del Subconciente

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Nuestro otro Yo

Existe una porción de su mente que ve, escucha y oye cosas que a usted se le escapan. En ella se producen todos los fenómenos inconcientes: los actos reflejos, los sueños, la percepción subliminal, parte de nuestra afectividad... y otras muchas capacidades que sólo ahora están empezando a descubirse.
Mientras usted tiene esta información ante sus ojos, su vista salta con soltura de una fotografía a otra, recorre las líneas de palabras impresas, comprende e incluso disfruta de su significado, En apenas unos segundos, sus manos habrán iniciado el movimiento necesario para pasar de esta sección a otra, para seguir leyendo (si hemos conseguido nuestro objetivo de que le guste este arículo) o para cerrar la web y dedicarse a otras tareas (si hemos fracasado). Seguramente piensa que es usted mismo quien lo hace, quien tiene todas sus decisiones bajo control, que su mente consciente es como un yo único capaz de diferenciar los colores, seleccionar los párrafos, decidir los contenidos que quiere leer en virtud de su cúmulo personal e intransferible  de experiencias, gustos, aprendizajes y decepciones. Pero, ¿y si le dijéramos que está equivocado; que no fue usted el que ingresó a esta pagina web y empezó a leerla; que es posible que en su decisión haya intervenido otro usted, una especie de zombi interior que forma parte, más o menos importante, de su personalidad?
Al menos eso es lo que saben, cada vez con mayor grado de certeza, los psicólogos y los neurólogos. Por supuesto, el zombi no es más que una metáfora, un ejemplo que algunos expecialistas utilizan para explicar que nuestra mente está compuesta por dos entidades: una, consciente, fluida y evidente; otra, inconsciente, complicada y profunda. La primera es responsable de lo que nuestro yo ve, siente o escucha; la segunda, de todo lo que nuestro cuerpo y nuestro cerebro registran sin que nos demos cuenta y que es igualmente imprescindible para completar la conducta humana. Unas veces ambas coinciden; otras, no.
Nos asalta en cualquier momento del día, Phillip Merikle, psicólogo de la universidad de Waterloo, en Ontario (Canadá), es uno de los más prestigiosos investigadores del otro yo: del inconsciente. "A menudo -afirma- pensamos que mente y consciencia son sinónimos, que nos enteramos de todo lo importante para nuestra supervivencia. Pero cuanto más estudiamos el incosciente humano, más cuenta nos damos de cuánto se nos escapa."
Algunos actos de la vida cotidiana nos muestran claramente la presencia del otro yo. Si estamos en casa y de una de las esquinas sale nuestro hijo dando un grito para asustarnos, inmediatamente daremos un salto y nos alejaremos de él. Sólo después de unos segundos caeremos en la cuenta de que no se trata de ninguna amenaza para nuestra integridad.
La primera reacción, un mero reflejo, es casi automático, como si el zombi que llevamos dentro se hubiera adelantado a la consciencia y tomando la inciativa de nuestros actos. Y así ha sido. Pero no todas las manifestaciones del inconsciente son tan evidentes.
Comforme la ciencia va penetrando en los dominisio del cerebro humano, aparecen nuevas formas de percepción inconsciente, nuevas habilidades mentales de cuya existencia, hasta ahora, sólo teníamos una débil sospecha. Y no se trata de capacidades sobrenaturales, viajes astrales, cuerpos bilocados y demás pátrañas de la pseudociencia. Hablamos sencillamente de otro mecanismo de percepción y de información del que cada vez la ciencia sabe más.

Aunque el estudio de este mecanismo se remonta a varios siglos atrás, la mayoría de la gente asocia el término incosciente con Freud y el psicoanálisis. Para los seguidores de esta corriente, la vida psíquica se puede definir según el grado de consciencia que experimentamos. Así, los fenómenos conscientes son aquéllos de los que nos percatamos en cada momento. Pero existen otro tipo de fenómenos de los que sólo somos conscientes si prestamos atención (preconsciente) y otro más de los que nunca podemos darnos cuenta, salvo en condiciones especiales (inconsciente). 

Para Freud, gran parte de la terapia psicodinámica debe ir destinada a hacer consciente lo incosnciente porque en esta parcela oculta de nuetra mente es donde se esconden las claves de la vida psíquica y de nuestras posibles patologías.

Para adentrarse en ellas, Freud utilizó la investigación clínica y el estudio empírico de lo que, según él, eran manifestaciones del inconsciente como los sueños, los lapsus vebales o los sìntomas de transtornos mentales. Lo malo es que estaba tan ocupado en entender los comportamientos humanos desde esta perspectiva, que olvidó realizar una formulación científica indiscutible. A menudo, para explicarlo debía recurrir a metáforas como "la fuerza desconocida", en lugar de a datos contrastables. Por eso, aunque sus seguidores lo sitúan al mismo nivel que otros grandes nombres de la ciencia como Einstein y Darwin, durante la segunda mitad del siglo XX las ideas freudianas han perdido el afecto de la mayor parte de los psiólogos, interesados en una formulación más rigurosa y científica del comportamiento humano.
Así lo confiesa Jenny Moix, profesora de Psicología Básica de la Universidad Autónoma de Barcelona: "El estrecho vínculo entre la noción del inconsciente y el psicoanálisis provocó  un claro rechazo de este concepto por los psicólogos ajenos a la corriente freudiana. Por eso la psicología ha evitado su estudio durante años".
El truco consiste en ver lo imperceptible 
Pero parece que los psicólogos están dispuestos a subsanarlo. Así se explica la gran cantidad de investigaciones cientificas producidas en los ultimos años en torno al inconsciente.
Y las principipales preguntas que se hacen son dos: ¿Existe un modo inconsciente de percibir la realidad? Si existe, ¿cómo podemos demostrarlo?
La psicología moderna ha descubierto multitud de fenómenos que demuestran que la respuesta a la primera de ellas es sí. Uno de ellos es la llamada percepción subliminal. Se ha reunido una evidencia considerable de que los estímulos demasiado débiles para ser percibidos conscientemente pueden, sin embargo, tener efectos sobre la percepción y sobre otros procesos psicologicos. El caso más estudiado es el de los llamados estímulos de corta duración, imágenes o sonidos emitidos a una velocidad de entre 1 y 100 milisegundos, de modo que nuestro cerebro no es capaz de captarlos. O al menos eso creemos. La realidad es que no sólo los percibimos, sino que nos influyen de manera sorprendente. En un trabajo clásico publicado en la revista Science en los años 80, un grupo de psicólogos expuso a varios voluntarios a un experimento espectacular. Se eligieron 20 octágonos de forma irregular y se proyectaron en una pantalla con un lapso de un milisegundo. Naturalmente, ningún ser humano es capaz de percibir una imagen a dicha velocidad, por lo que, cuando se pidió a los voluntarios que reconocieran los octágonos que antes habían visto, fuero incapaces de hacerlo. Aparentemente no habían visto nada.
Pero la sorpresa llegó cuando los psicólogos pidieron a los voluntarios que eligieran, de entre un grupo más grande de octágonos, cuáles eran los que más les gustaban.
En ese caso, escogieron los octágonos que antes les habían proyectado subliminalmente. 
No sabemos por qué nos gustan unas caras y otras, no
El experimento no sólo demostró que, efectivamente, se producen percepciones a nivel incosnciente, sino que éstas afectan nuetras valoración de las cosas. Jenny Moix explica que "si se nos enseña la foto de un desconocido y nos preguntan si nos gusta o no, será fácil contestar. Pero si nos piden que expliquemos el porqué de nuestra elección probablemente no lo sabremos. En mi opinión, este fenómeno sucede que el juicio afectivo viene determinado, en cierta medida, por procesos inconscientes".

Pero, ¿existe alguna diferencia entre esa influencia incosnciente sobre nuestras valoraciones afectivas y la que ejercen los fenómenos conscientes como risas, vestimentas, olores o sensaciones que hacen que una persona nos gueste o nos disguste?
Los psicologos creen que sí. 
Es muy difícil no hacer caso a su llamada
Una reciente investigación de los especialistas S. Murphy y R. Zajonc, aparecida en el Journal of Personality  and Social Pyschology, así lo indica. Como en tantas otras ocasiones, se escogió a dos grupos de voluntarios para someterlos a pruebas de percepcion subliminal. Se les mostró una serie de ideogramas chinos para que valorasen cuáles representaban conceptos alegres y cuáles se referían a ideas tristes (por supuesto, ningún voluntario era chino). En uno de los grupos, los ideogramas  iban acompañados de la imagen de una cara alegre o triste proyectadas durante 4 milisegundos e imposibles de percibir. En el otro grupo, las caras fueron proyectadas durante un segundo, de manera que pudieran ser vistas. Curiosamente, la presencia de una cara condicionó más la valoración de los ideogramas en el grupo en el que la percepción había sido subliminal. Es decir, nuestras mente puede hacer caso omiso de un mensaje consciente, abstraerse y concentrarse sólo en lo que interesa si así se lo requerimos. Pero no puede evitar verse afectada por un mensaje inconsciente. 

Otra investigación demuestra que ambos procesos (el del yo y el del zombi) tienen efectos distintos sobre nuestra mente. Se sabe que la percepción consciente nos permite usar la información recibida para interaccionar con el ambiente. Por el contrario, la información incosnciente conduce a reacciones más automáticas, que no pueden ser controladas por el sujeto. El canadiense Phillip Merikle acaba de presentar un estudio que corrobora esa teoría. A dos grupos de voluntarios se les presnetó una serie de palabras en diferentes grados de percepción. En el primer caso, la exposición de las palabras sólo duro 50 milisegundos por lo que no se percibían conscientemente. En el segundo, la duración era suficiente para que fuera vistas con claridad. Tras esta fase, se dio a cada grupo un cuestionario con las primeras 3 letras de cada palabra expuestas y se pidió que completaran el resto del vocablo sin utilizar la palabra antes vista. (Por supuesto, al grupo en el que se empleó percepción subliminal se le dio la lista de palabras previas para que las reconocieran.) Por ejemplo, si se había expuesto la palabra perro, a cada individuo se le colocó en el cuestionario el comienzo per... Ellos podían completarlo como pera, perito, período o perdición, pero se les pedía que no utilizaran nunca perro. Para sorpresa de los investigadores, a los voluntarios del grupo en el que se había usado la percepción subliminal les fue mucha más diícil encontrar alternativas a la palabra prohibida. 

Y es que la mente inconsciente parece ser muy poderosa a la hora de conducirnos a la realización de conductas automáticas que no podemos controlar.
 Palabras para ser dictadas en el quirófano
 Existen muchos más fenómenos que demuestran la existencia del otro yo. Uno de los más espectaculares es la información bajo los efectos de la anestesia general. Evidentemente, si hay un lugar en el que nos encontramos en estado inconsciente es  en la mesa de operaciones de un quirófano. Pues bien, incluso en esas tristes circunstancias, el zombi sigue trabajando. En 1990 se realizó en algunos hospitales de Estados Unidos una curiosa prueba. A varios pacientes quirúrgicos se les colocó durante la operación unos auriculares que emitían dos nombres de frutas (pera y plátano) y dos colores (amarillo y verde). Mientras, un grupo de control sólo oía un rumor de olas. Tras la operación se pidió a cada paciente que dijera la primera fruta y el primer color que se le pasara por la imaginación. En el grupo que había recibido mensajes hablados hubo un significativo aumento de las menciones de pera, plátano, amarillo y verde con respecto al de control y a lo que estadísticamente era de esperar.

Incluso se han realizado mediciones de la respuesta cortical a estímulos auditivos que demuestran que el cerebro sigue reaccionando a ellos bajo anestesia. Es decir, no los oímos, pero sí los percibimos. O, mejor dicho, los percibe nuestro yo.

Este caso es muy importante porque demuestra que los fenómenos tienen una repercusión duradera sobre nuestro comportamiento. Otros estudios han incidido en esta idea, con la pretensión de contestar a la pregunta más importante que se hacen los psicólogos cuando se enfrentan al tema del otro yo: ¿tenemos memoria inconsciente?
¿Recordamos algunos fenómenos sin darnos cuenta?
Los sueños se dibujan con ideas del otro yo 

Parece que sí. Por ejemplo, somos capaces de recordar algunos sueños que hemos vivido durante la noche.

Pero cierto estudios van más allá.

Por ejemplo, es conocido entre los expertos el llamado efecto Poetzl, en homenaje al psicólogo que estudió la memoria inconsciente por primera vez. Uno de sus experimentos consistía en presentar subliminalmente un paisaje a sus voluntarios y pedirles que los describiesen. Al haber recibido la informacion en el plano inconsciente, los individuos no eran capaces de realizar la descripcion correcta. Pero Poetzl les pedía que volvieran al ía siguiente por la mañana y que intentaran describirle los sueños que habían experimentado durante la noche, El psicólogo descubrió que la imaginería onírica contenía algunos elementos coincidentes con los paisajes que el día anterior no habían sabido describir.

"Creemos tener datos suficientes -afirma Phillip Merikle- para asegurar que el impacto de la información recibida inconscientemente se extiende más alla de las 24 horas." Pero no existe en la literatura científica ningún estudio eficaz que demuestre que la memoria de estos acontecimientos puede durar más tiempo, exceptuando unn discutido ensayo realizado mediante hipnosis en el que supuestamente se demostraba que los estímulos recibidos bajo anestesia podían llegar a permanecer más de un mes en el recuerdo de los pacientes.
El cerebro quiere avisar, pero no sabe cómo
 El análisis de estos recuerdos tiene mucho que ver con lo que los psicólogos llaman memoria implícita.
Parece ser que el zombi no sólo ve y escucha mas que nosotros, sino que también recuerda mejor.

Hace unos meses, Michael Rugg, y sus colegas de la universidad de St. Andrews, en Escocia, utilizaron un complejo test para identificar las ondas cerebrales relacionadas con la memoria. Los voluntarios debían mirar una pantalla de televisión en la que aparecían sucesivamente unas palabras ordenadas, desde las  más comunes hasta las más raras y desconocidas. A cada sujeto se le pidió que, o bien se fijara en las primeras y últimas letras de la palabra, o bien imaginara una frase con cada uno de los vocablos. Cinco minutos después, se realizó un test de memoria y se midió la actividad cerebral. Para ello, midió la actividad cerebral. Para ello, se volvió a pasar ante sus ojos una serie de palabras entra las que estaban las ya leídas antes. Los voluntarios debían  apretar un botón cada vez que recordaran alguna. Como es lógico, recordaban mejor los conceptos con los que habían construido una frase. Pero lo curioso es que, cuando se producía un olvido (cuando aparecía una palabra ya conocida sin que ellos apretaran un botón), el cerebro emitía una señal de actividad distinta a la que se producía en los aciertos y a la de reposo. De alguna manera, el cerebro había visto el vocablo conocido, pero era incapaz de advertírselo a su dueño. El experimento demuestra que las memorias que no afloran a la consciencia no son simples versiones débiles de las que sí lo hacen, como todavía piensan algunos investigadores, sino que ponen en juego una actividad similar a la del recuerdo, aunque en otra dirección. Es decir, el cerebro tiene dos sistemas de memoria, una para los recuerdos explícitos que podemos reactivar conscientemente y otra para las grabaciones que permanecen en nuestro inconsciente. 

¿Pueden hacerse aflorar estas últimas? Y en caso afirmativo, ¿para qué serviría hacerlo?

Los investigadores de la conducta humana utilizan algunas técnicas como la hipnosis para adentrarse en los laberintos desconocidos del otro yo.

Pero todavía existen muchas dudas sobre las futuras aplicaciones terapéuticas de esta inmersion en el inconsciente . "Una posible utilidad - cuenta Jenny Moix- puede ser el diagnóstico de fobias". Por ejemplo, para averiguar què aspecto del vuelo del avión atemoriza a un paciente que tienemiedo a volar se pueden utilizar mensajes subliminales con palabras como azafata, alas, motor, cabina... y observar la reacción del indviduo a cada una de ellas. Un paso adelante en esta técnica seria ir elevando el grado de consciencia de los estímulos hasta que sean plenamente perceptibles, como terapia antifobias. 

Además,s e sabe que gran parte de lo que aprendemos a lo alrgo de nuestra vida, lo hace el otro yo. Por eso algunos expertos han creado sistemas naturales de aprendizaje de idiomas basados en la percepción inconsciente. Por desgracia, todavía no se han demostrado que estas técnicas tengan validez, así que los psicólogos no las recomiendan.

 De momento, el estudio del inconsciente ha dado mejores frutos a la psicolgía básica que a la aplicada.

Aún no sabemos para qué sirve, pero, al menos, sabemos que está ahí. Y es que en nuestro empeño por conocernos cada vez un poco mejor, alguien tenía que presentarnos al zombi.

 

Varios experimentos han demostrado que, apenas unos milisegundos antes de que decidamos realizar un movimiento, los impulsos eléctricos cerebrales relacionados con nuestro sistema motor ya estan activados. Esto quiere decir que la acción voluntaria no se origina conscientemente, sino que es el otro yo quien la controla. Pero el yo consciente no es un esclavo; según el neurologo de la Universidad de California Vilanayar Ramachandran existe un umbral de entre 150 y 200 milisegundos en el que la consciencia puede abortar las acciones sugeridas por el inconsciente si lo considera necesario.

Los experimentos en el campo de las partículas elementales han llevado a los científicos a reconocer que la mente es capaz de crear. En palabras de Amit Goswani, profesor de física en la universidad de Oregón, el comportamiento de las micropartículas cambia dependiendo de lo que hace el observador: “cuando el observador mira, se comporta como una onda, cuando no lo hace, como una partícula”. Ello quiere decir que las expectativas del observador influyen en la Realidad de los laboratorios… y cada uno de nosotros está compuesto de millones de átomos. Traducido al ámbito de la vida diaria, esto nos llevaría a que nuestra Realidad es, hasta cierto punto, producto de nuestras propias expectativas. Si una partícula (la mínima parte de materia que nos compone) puede comportarse como materia o como onda… Nosotros podemos hacer lo mismo.

Recientes hallazgos en neuroanatomía han demostrado que la visión para la percepción es diferente a la visión para la acción. La primera describe objetos de manera que la mente pueda recordarlos, compararlos y pensar en ellos. Por eso produce imágenes abstractas que el cerebro se encarga de evaluar de manera consciente. La visión para la acción (llamada sistema visomotor) es tarea del inconsciente y se encarga de generar la imagen exacta de lo que estamos viendo, con su tamaño,distancia, perspectiva y movimiento, con el fin de que podamos actuar, por ejemplo huyendo de un tigre que amenaza atacarnos.

El subconsciente no discierne, esa no es su función, él no tiene el poder para protestar. No tiene voluntad propia. No tiene sentido de humor. No sabe si la orden que le hemos dado es un chiste o es en serio. Su función consiste: primero, en almacenar las imágenes mentales y luego lanzarlas hacia fuera como salen las copias fotostáticas. Es un autómata o un robot. Es un servidor maravilloso que nos economiza la tarea de recordar y poner en práctica todo lo que vamos aprendiendo y que hemos ido aprendiendo desde que éramos más que una gota de agua en el océano. Es, pues, un secretario, un archivador, un bibliotecario. Al no haber más archivado la imagen mental que le preparamos, él comienza a reproducirla, aprovechando la más insignificante oportunidad, para el resto de la vida... y las vidas... del sujeto, hasta que el sujeto le da la orden de cambiar una imagen por otra.

El cerebro no distingue entre la realidad y la imaginación: Cuando vemos un determinado objeto aparece actividad en ciertas partes de nuestro cerebro… pero cuando se exhorta al sujeto a que cierre los ojos y lo imagine, la actividad cerebral es ¡idéntica! Entonces, si el cerebro refleja la misma actividad cuando “ve” que cuando “siente”, llega la gran pregunta: ¿cuál es la Realidad? “La solución es que el cerebro no hace diferencias entre lo que ve y lo que imagina porque las mismas redes neuronales están implicadas; para el cerebro, es tan real lo que ve como lo que siente” . En otras palabras, que fabricamos nuestra realidad desde la forma en que procesamos nuestras experiencias, es decir, mediante nuestras emociones.

La mejor metáfora del pensamiento creador es el miembro masculino. Una sola fantasía sexual, es decir, un pensamiento erótico, es capaz de producir una erección, con toda la variedad de glándulas endocrinas y hormonas que participan en ello. Nada hay fuera de la mente del hombre pero, sin embargo, se produce un torbellino hormonal que desemboca en un hecho físico palpable. En el lado femenino, también el poder del pensamiento asociado al erotismo se convierte a menudo en hechos físicos, demostrando la capacidad del pensamiento para crear situaciones placenteras… o adictivas. Los más firmes defensores del poder de la visualización llegan a proponer que se puede obtener a través de ella casi todo lo que deseamos.